Lago de Sanabria

El Parque Natural del "Lago de Sanabria y sus alrededores" está situado en el extremo noroccidental de la provincia de Zamora. Fue creado en el año 1978 con el principal objetivo de preservar la morfología que esculpieron en sus rocas los glaciares del periodo Cuaternario, la riqueza de su flora y de su fauna y la pureza de las aguas del único lago glaciar de la Península Ibérica. Su extensión actual es de 22.365 hectáreas, que corresponden, en su mayor parte, a áreas de media y alta montaña de las sierras Segundera y Cabrera.
Desde el Moncalvo y Peña Trevinca, a más de 2.000 m. de altitud, el Parque recoge la práctica totalidad de la cuenca vertiente del Lago de Sanabria y del río Tera, su principal tributario. Por debajo de la línea de las cumbres, a unos 1700 m. de altitud, estas antiguas montañas forman una especie de altiplano ondulado cubierto de brezos, salpicado de lagunas cristalinas y turberas. Desde allí, el agua se precipita a través de profundos cañones, tallados por el hielo, hasta el Lago de Sanabria, que se extiende sobre el valle del Tera a 1.000 m. sobre el nivel del mar. Esta lámina de agua de 3 Km. de larga por 1,5 Km. de ancha, rodeada de bloques de granito y de bosques de roble, es el mayor lago de la península y el único de origen glaciar.
La extremada pureza de las aguas del Lago de Sanabria es la principal característica que lo hace único, no sólo en nuestro país sino también en buena parte de Europa. Sobre todo, en un momento como el actual, cuando la contaminación de uno u otro tipo afecta a la práctica totalidad de los ríos y de las masas de agua de nuestro entorno.
La conservación de este valioso legado no puede depender únicamente de su inclusión en un espacio formalmente protegido. Sólo la actitud responsable y solidaria de la Administración, de los habitantes de la comarca y de todos y cada uno de los que disfrutamos acercándonos a la naturaleza permitirá garantizar que estos espacios singulares continúen existiendo y trasmitiéndose íntegros de generación en generación.
Hace 100.000 años, durante la glaciación del Würm, la última de las glaciaciones del cuaternario, y por un periodo de 90.000 años, se instaló sobre estas montañas una gran masa de hielo, un glaciar de meseta.
Este glaciar, que cubría todo el altiplano con un espeso manto de hielo, se derramaba por todos los valles que descienden desde el macizo, formando largas y potentes lenguas glaciares. Ríos de hielo que sobreexcavaron estos valles transformándolos en anchos y profundos cañones tallados en la dura roca plutónica. Es precisamente la dureza de la roca que forma el macizo, lo que nos permite hoy seguir contemplando esta espléndida morfología que, en otro caso y como ha ocurrido en el resto de los sistemas montañosos de la península, se hubiera visto alterada por la acción de los agentes erosivos posteriores.
Por el valle del Tera se encajaba, entonces, la principal lengua glaciar. Esta lengua descendía desde el circo de Trevinca y la Survia, incrementando su espesor conforme se le iba agregando el hielo procedente de los pequeños circos y valles laterales, alguno de ellos tan hermoso como el circo de la laguna de Lacillo, al pie del Moncalvo. Al llegar a lo que hoy es Ribadelago, esta lengua glaciar tenía ya casi 15 Km de largo y un espesor de más de 300 m.. Aquí, el glaciar del Tera recibía el aporte de las lenguas del Cárdena y del Segundera, incrementando aún más su potencia erosiva y excavando la cubeta que hoy alberga al Lago de Sanabria.
Además de su acción erosiva, los glaciares realizan también una notable labor de transporte de los materiales que recogen a lo largo de su cuenca receptora y que son englobados en la masa de hielo o transportados sobre su superficie. Aguas abajo del Lago, la lengua glaciar se deshacía y se desplomaba, depositando allí durante milenios y en sucesivos arcos morrénicos concéntricos, ingentes cantidades de sedimentos de los más diversos tamaños; desde tierra y polvo, hasta los grandes bloques de granito que pueden verse diseminados en las laderas y entre los bosques de robles.
Hace 12.000 años, y parece que con relativa rapidez, la glaciación terminó y la lengua glaciar se retiró dejando al descubierto amplios y profundos cañones, valles colgados, rocas aborregadas, estrías glaciares, morrenas y el elemento más característico del Parque Natural y de toda la comarca: el Lago de Sanabria, el mayor lago de la península y el único de origen glaciar que podemos admirar sin salir de nuestro país.
Pero la glaciación del Würm, no modificó únicamente los valles de Sanabria; en el altiplano de la Sierra el manto de hielo, al desplazarse, excavó también innumerables cubetas de dimensiones mucho menores que la del lago. Algunas, a lo largo de los milenios transcurridos, se han ido rellenando de sedimentos y de un musgo llamado Sphagnum, dando lugar a unas interesantes formaciones vegetales, las turberas; masas de musgos que pueden alcanzar varios metros de espesor y que conservan, capa por capa, el registro fósil de la historia climática y botánica de la tierra. Estas masas de musgos retienen el agua como esponjas y la van cediendo poco a poco a lo largo del verano contribuyendo, de forma notable, al mantenimiento del escaso caudal de los arroyos durante el largo periodo de estiaje. Por ello, además de su indudable interés botánico y paleoclimático, las turberas tienen, también, una valiosa función reguladora de los equilibrios hídricos en una región donde la poca permeabilidad de la roca hace que el agua subterránea sea relativamente escasa. Pero no todas las cubetas se han rellenado; diseminadas por la sierra, más de 20 lagunas de aguas transparentes nos sorprenden en pequeñas hondonadas y componen, después del Pirineo, el conjunto lagunar más importante de la Península Ibérica. Todo este conjunto geomorfológico, además de configurar un esplendido paisaje, es un libro vivo donde poder estudiar, sin salir de nuestro país, un fenómeno que, como el del glaciarismo, nos queda muy lejos en el tiempo o en la distancia.
En Sanabria conviven más de 1.500 especies vegetales, lo que representa una notable riqueza florística. Esta gran diversidad botánica es, en buena parte, consecuencia de su situación geográfica. Las montañas de Sanabria constituyen el límite entre el clima Atlántico y el clima Mediterráneo. Debido a ello, las diferentes orientaciones de sus laderas, sus valles y sus cimas van a determinar la influencia predominante de uno de estos dos ambientes. Las laderas orientadas al Norte y al Oeste serán de predominio Atlántico, mientras que aquellas de exposición Sur y Este tendrán características mucho más mediterráneas. Por otra parte, las condiciones extremas en que se desarrolla la vegetación de las cumbres más altas solo van a permitir la existencia de una flora rara y muy adaptada que, en el caso de algunas especies como el Ranunculus parnassifolius ssp. cabrerensis o la Armeria bigerrensis, son verdaderas reliquias vivas de la época de las glaciaciones que han sobrevivido y evolucionado aisladas en estas cumbres desde hace más de 10.000 años.
El agua es otro factor de diversidad; la abundancia de arroyos, manantiales, lagunas, turberas y zonas encharcadas permiten la existencia de una flora acuática característica de estas aguas limpias, ácidas y escasamente mineralizadas.
Entre estos ambientes húmedos destacan por su rareza a latitudes tan bajas las turberas; estas formaciones, constituidas por masas compactas de diferentes especies del musgo Sphagnum y que pueden alcanzar varios metros de espesor, no tienen parangón en ningún lugar de la península. Las turberas tienen una flora característica, son el hábitat preferido de una pequeña planta carnívora: La Drosera (atrapamoscas), y de algunas especies de Sphagnum de distribución muy limitada e incluso única en la península.
En Sanabria, el bosque dominante es, sin duda, el robledal formado por pies relativamente jóvenes de Quercus pyrenaica, árbol que aquí raramente sobrepasa los 1.500 m. de altitud, bien adaptado a los fríos del invierno y al prolongado estiaje. Este árbol, que en la comarca recibe el nombre de "carballo," ha sido desde antiguo parte importante de la economía doméstica sanabresa al proveer a sus habitantes de estructuras para las casas y de leña para sus hogares. En las vaguadas frías y húmedas el roble es sustituido por hermosos abedules salpicados con serbales y acebos.
También existen en la comarca rodales de tejos centenarios, verdaderos supervivientes de ese mal endémico que son los incendios, enebros que se agarran a las rocas desnudas de los cañones glaciares y, plantados por el hombre y cercanos a sus casas, nogales y castaños, algunos de ellos de gran porte.
También la fauna se aprovecha de esta gran variedad de ambientes para diversificarse.
Existen dentro del Parque Natural más de 190 especies de vertebrados. De ellas, 7 especies de peces encuentran su hábitat en el lago, las lagunas y las aguas cristalinas de los ríos y arroyos. Merece especial mención la Trucha (Salmo trutta), apreciada presa para la pesca deportiva y exquisita a la hora de degustarla. En el Lago, la trucha puede alcanzar dimensiones considerables y su carne adquiere un tono rosado que recuerda a la del salmón.
Sobrevuelan estas montañas 17 especies de rapaces diurnas, algunas tan raras como el Aguila real (Aquila chrysaetos), el Halcón abejero (Pernis apivorus), especialista en el consumo de abejas, y el Halcón peregrino (Falco peregrinus). En los lugares apartados de la sierra puede verse también al Búho real (Bubo bubo), rapaz de costumbres nocturnas. De menor tamaño, pero no por ello menos importantes, 125 especies de pájaros alegran el bosque y la sierra con sus trinos y contribuyen a mantener a raya las poblaciones de insectos. Algunos hallan en estos montes su zona de distribución más meridional; se encuentra en los pastos de altura el Alcaudón dorsirrojo (Lanius collurio), el Escribano cerillo (Emberiza citrinella), la Perdíz pardilla (Perdix perdix hispaniensis), el Pechiazul (Lusciniasvecica) y más abajo, entre los bosques de roble, pueden verse el Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula), el Petirrojo, el Arrendajo, la Abubilla, etc...
Los reptiles cuentan en Sanabria con 10 especies, entre ellas dos especies de víbora. Estos animales, tan poco apreciados, juegan, sin embargo, un papel importante en el equilibrio natural al alimentarse, preferentemente, de pequeños mamíferos como el ratón y el topo que, sin predadores, pueden llegar a convertirse en verdaderas plagas.
En las zonas húmedas, en las lagunas, las fuentes y cerca de las corrientes de agua encuentran su hábitat 10 especies de anfibios entre Ranas, Tritones y Salamandras.
Entre las 41 especies de mamíferos presentes en la comarca, se encuentra el desmán de los Pirineos (Galemys pyrenaicus), escurridizo mamífero acuático de costumbres nocturnas, varios mustélidos como la nutria, la marta, el armiño, la garduña y el tejón. Y entre los mamíferos de más talla, el corzo, el jabalí, el gato montés y un animal emblemático, el lobo, protagonista habitual de los cuentos y las leyendas de Sanabria y que sin embargo cada vez es menos frecuente. Esperemos no encontrarlo pronto entre las bajas de este tesoro faunístico, haciendo compañía a las especies que han desaparecido de Sanabria en el presente siglo, como el oso, el ciervo y el urogallo.

1 comentario:

Nieves-Gavarnie dijo...

me ha gustado tu blog, te enlazado este enlace al mio
Gracias

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